
La energía hidráulica es la que se obtiene a partir del agua de los ríos, y se aprovecha básicamente gracias a los saltos de agua de las presas. La producción eléctrica se consigue haciendo bajar el agua por gravedad, de manera que, al pasar por una turbina, impulsa un generador eléctrico.
Este sistema energético constituye uno de los denominados renovables, pero hay que tener en cuenta que las presas y los embalses pueden llegar a tener un impacto ambiental y humano considerable, como el alto coste económico o la inundación de tierras cultivables. Aún cuando cada una de estas construcciones presentan unas características específicas debido a la configuración y a las propiedades del terreno, y por lo tanto, perjudican su entorno de forma diferenciada, son las grandes construcciones las que tienden a causar un impacto más grave en el medio ambiente.
Así, este tipo de energía tan solo es sostenible si se apuesta por la construcción de una red de centrales minihidráulicas, que favorecen la diversificación y la eficacia energéticas y producen un impacto ambiental mucho más reducido que el de las grandes centrales hidráulicas.