
La energía geotérmica se basa en la producción de calor y electricidad a partir del aprovechamiento de la energía calórica contenida en el interior de la tierra. Esta energía proviene de una dinámica interna del planeta, que la concentra en lugares muy concretos, donde el flujo calorífico, que se transmite por conducción térmica hacia la superficie, puede llegar a ser unas diez o quince veces más elevado de lo normal.
Como fuente de energía es fundamentalmente inagotable, además, el flujo de producción de energía es constante a lo largo del año, puesto que no depende de variaciones estacionales como por ejemplo lluvias o caudales de ríos. Los yacimientos geotérmicos, si se gestionan correctamente, pueden mantener su producción de energía indefinidamente. Se trata de ajustar la extracción de calor a la cantidad que se genera. Un ejemplo son los baños termales que se han hecho servir durante miles de años.
Esta fuente de energía se puede utilizar tanto para suministrar calor mediante aplicaciones de uso directo (para agua sanitaria, para la implantación de calefacción, para usos térmicos industriales...) o mediante sistemas de calefacción de distrito, que transfieren agua caliente a través de bombas de calor geotérmicas. Pero también se puede aprovechar para producir electricidad a las mismas centrales geotérmicas, donde se dirige el vapor hacia unas turbinas que, con su rotación, mueven un generador que produce energía eléctrica.