TORREMUELLE. Los Romanos en Benalmádena Costa


La conquista romana de la península se inicia en el 218 a.C., como consecuencia de las guerras púnicas. Los romanos llegan a Hispania, para combatir a unos poderosos enemigos: los cartagineses. Estos utilizaron la península como base militar y de aprovisionamiento pero los romanos, consiguieron derrotarlos.

La conquista fue lenta y el proceso de romanización no avanzaba igual de rápido en todas las regiones. La adaptación al modo de vida de los romanos duró 200 años. Esto supuso un cambio de vida en muchos aspectos muy importantes: en la lengua, la religión, el comercio...Si no hubiese existido una buena red de comunicación entre los distintos puntos del Imperio, el proceso de romanización hubiese sido imposible.

Bajo esta dominación y atendiendo a criterios militares, Hispania fue dividida en dos provincias : Citerior y Ulterior. Pero en época de Augusto, siglo I d.C., hubo una reorganización del territorio y quedó dividida en tres provincias: la Tarraconense, la Lusitania y la Bética. Finalmente, en tiempos de Diocleciano aumentaron el número de provincias a cinco; a aquellas tres se sumaron la Gallaecia y la Cartaginense.

Málaga, alcanzó un notable desarrollo en época romana; fue convertida en ciudad confederada y se regía por un código especial, la Lex Flavia Malacitana. La ciudad mantendría su estatuto hasta la llegada de los pueblos bárbaros en el siglo V d.C.

La época romana es, sin duda alguna, el periodo mejor conocido en Benalmádena. El desarrollo de actividades pesqueras se generalizó a partir del siglo I d.C. y contamos con numerosos asentamientos extendidos a lo largo de todo el litoral. Estos establecimientos, bien aislados o integrados en villae ponen de manifiesto la importancia que supuso el desarrollo de la industria para la zona.

TORREMUELLE



Actualmente no se conservan restos pertenecientes a esta villa de la que sólo se pudo recuperar un mosaico con motivos geométricos; de este asentamiento nos han llegado referencias que indicaban la presencia de fuertes cimentaciones, pilas salsarias y solerías de opus signinum con numerosos fragmentos de cerámica por todo el contorno. Recientemente se ha descubierto y excavado la zona industrial de la villa: una factoría de salazones constituida por 19 piletas de signinum.

Estas construcciones fabriles, con evidentes relaciones tipológicas con otros conjuntos conocidos en la Mauretania Tingitana, se instalaron junto al arroyo del Lugar, que debió abastecerles de agua dulce para la limpieza del pescado; asimismo, se ubicaron junto al mar para obtener la materia prima (pescado) y la sal, necesaria para la maceración de los productos; del mismo modo, este enclave estaba situado frente a un pequeño puerto natural o enseñada que podría haber facilitado el embarque y desembarque de los productos que llegaban a la zona. Esta factoría, probablemente integrada en un comercio floreciente en los primeros siglos del imperio, además de abastecer las necesidades de la villa exportó el preciado producto en ánforas fabricadas para este fin.

Todo parece indicar que, en la segunda mitad del siglo I d.C. atravesó por momentos de dificultad o sufrió un abandono repentino por causas que aún se desconocen.