EDIFICIO

En 1968 el Ayuntamiento de Benalmádena llega al compromiso con Felipe Orlando de construir un edificio de nueva planta para albergar la colección donada por Felipe Orlando y exponerla al público, este edificio se inauguró el 5 de mayo de 1970. El Museo se sitúa en la avenida principal del pueblo, sobre un solar de unos 203,97 m2 perteneciente a unos antiguos terrenos del obispado.

El proyecto del museo es del arquitecto Antonio Luque Navajas, quien concibió un edificio con la apariencia de una casa señorial y que contrasta con la tipología de vivienda habituales de su entorno inmediato. Este carácter noble, que se refleja sobre toda la fachada, venía determinado por su acceso, consistente en una entrada adintelada de piedra artificial a la que precede una amplia escalinata que salva el desnivel del terreno y que dota al edificio de una mayor perspectiva visual, carácter este que se mantendrá tras la última intervención. La fachada presentaba cuatro vanos que terminaban en una suerte de frontal de perfiles irregulares en la parte central.

Entre 2003 y 2005 el museo permaneció cerrado con el fin de acometer las oportunas reformas estructurales y espaciales destinadas a mejorar la instalación de la colección conforme a los dictámenes de una museografía moderna y operativa. Las reformas, llevadas a cabo por el arquitecto Raúl Gantes Rodríguez, afectan tanto a la fachada como al interior del edificio. Así, los grandes vanos o ventanas enrejadas primitivas de la fachada, que flanqueaban la entrada en la primera planta y cuyo aspecto acentuaba el carácter de casa popular andaluza, han sido suprimidos y sustituidos por cierres de cristal. El enfático frontón que remataba la fachada ha sido igualmente eliminado, contribuyendo con ello a ofrecer una imagen más sobria pero también más moderna y acorde con las funciones museológicas del edificio. De los vanos pequeños de la segunda planta sólo se conserva el del lado derecho, ocultándose el izquierdo que ha sido sustituido por la cartela anunciadora de la institución. Frente al edificio, permanece el simbólico y bello ciprés que se erige como perpetuo vigía y símbolo de perennidad.

Las tres plantas interiores han sido objeto de profundas reformas según el proyecto de Raúl Gantes, una intervención que ha añadido 200 m2 de superficie. Siguiendo un criterio de funcionalidad, el arquitecto ha diseñado con acierto diferentes espacios plenos de luz y de eficaz circulación, aspectos de gran importancia para un museo y que, lamentablemente, no siempre son tenidos en cuenta por los arquitectos, quienes más preocupados por aspectos formales y plásticos, obvian a veces la deseada adecuación entre continente y contenido. La cubierta de teja respeta y contextualiza el contorno de los edificios colindantes. Cuatro lucernarios dan luz natural a las respectivas salas. La planta baja está dedicada provisionalmente a la colección arqueológica hispánica, que aguarda su traslado futuro al proyectado Museo de la Ciudad para dejar espacio a las exposiciones temporales. Este nivel alberga también almacenes y talleres.

MUSEOLOGÍA Y MUSEOGRAFÍA

Como todo museo correctamente planteado, el Museo Precolombino de Benalmádena sigue, desde su remodelación y reapertura en 2005, estrictos criterios museológicos y museográficos, respondiendo los primeros a la experiencia y buen hacer de Paz Cabello, actual directora del Museo de América de Madrid, y artífice a su vez de la catalogación de la colección, para lo cual su autora ha realizado un guión expositivo encaminado a mostrar las piezas de la forma más didáctica y clarificadora. De este modo, la presentación de las distintas civilizaciones prehispánicas desarrolladas fundamentalmente en México (Olmeca, Maya, Azteca; Culturas del Golfo), Perú (Mochica, Chinín), Ecuador (Cultura de Valdivia, Cultura Cashaloma, Cultura Monteña), etc. se ha organizado por culturas siguiendo una clasificación estilística y cronológica (el periodo Preclásico 1500 a.C.-200 d.C., Clásico 200 d.C. -900 d.C. y Posclásico 900 d. C.-1500 d. C.).

Los espacios de la primera planta, dedicada fundamentalmente a México, y la segunda, que centra su atención mayoritariamente en Perú, Ecuador, Nicaragua y Colombia, presentan un concepto más temático que de organización por culturas, ofreciendo una secuencia óptima de lo que han significado las distintas regiones Mesoamericanas y Andinas a través de piezas representativas de ellas.

Museográficamente, el montaje de la colección recoge y pone en práctica los requisitos su exhibición y conservación en las condiciones requeridas. Todas las zonas expositivas de las diferentes salas del edificio presentan una variada infraestructura de expositores o vitrinas, exentas o de pared, situadas en medio del espacio o recorriendo los muros; se trata de vitrinas equipadas con un completo control de humedad y temperatura. Las obras se muestran en pequeñas peanas de metacrilato o zócalos de madera, en una disposición totalmente desahogada que permite la contemplación diferenciada de las piezas. Asimismo, y cuando las razones de cromatismo y textura así lo aconsejan, las obras se han colocado sobre fondos oscuros para crear contraste y una mejor visibilidad de sus detalles y características, estando todas acompañadas por sus correspondientes cartelas explicativas. La iluminación, elemento fundamental en toda exposición, ha sido también cuidadosamente tratada. Los expositores se iluminan con luz artificial consistente en distintos puntos o focos de luz interna, una iluminación tamizada y a su vez diáfana para cada una de las obras. En las salas se han dispuesto distintos focos que pautan el espacio, ofreciendo una homogeneidad lumínica. La luz natural, cenital, se filtra a través de claraboyas.