LA CULTURA NASCA

En la costa sur peruana, la cultura Paracas (1000 a 200 a.C.) evolucionó hacia la cultura Nasca. Sus cerámicas son de vivos colores, de intrincados y difíciles diseños, con formas globulares y cuencos. Estos vasos contrastan vivamente con las vasijas escultóricas de aspecto realista y con escaso color de las culturas de la costa norte. Este contraste entre las producciones de la costa norte y sur se mantuvo, con algunos cambios, a lo largo de toda la época precolombina.

Las decoraciones, menos realistas que las de la costa norte, son geométricas y con representaciones más o menos estilizadas de motivos como cabeza trofeo o un personaje con armas, cabezas cortadas, máscara con bigotes de jaguar y un complicado tocado que se despliega por toda la vasija. El personaje puede llevar atributos de ave, de animal marino o es un ser mixto.

Cuando fabrican las vasijas con formas humanas, ya en una época un poco más tardía, parten de las formas globulares tradicionales y transforman el gollete en cabeza y pintan los restantes rasgos.

La sociedad Nasca, y la de las antiguas culturas peruanas, se estratificó en rígidas y muy variadas clases sociales: una nobleza gobernante con el rey a la cabeza, guerreros y sacerdotes, artesanos especializados e incluso ingenieros y arquitectos, comerciantes, agricultores, pescadores y esclavos.

La riqueza de los atavíos, a juzgar por los restos conservados de telas, plumería y orfebrería en ofrendas funerarias, debía ser grande.