PODER Y CREENCIAS

El culto a los muertos fue una de los elementos más importantes de la religiosidad andina. Los enterramientos tenían ricos y numerosos ajuares y anualmente se hacían ofrendas a las momias de los antepasados importantes y fundadores de clanes, que eran considerados y honrados como divinidades. El ritual de enterramiento era muy llamativo: el cadáver era enterrado en posición fetal y envuelto con telas y vestidos rellenos de algodón, incluyendo, además, amuletos dispersos por el cuerpo. Luego a este saco cosían una falsa cabeza que hacían con tela y algodón. En muchos lugares el día de los difuntos sacaban las momias de los antepasados ilustres para celebrar estos ritos.

El universo precolombino andino estaba plagado de ceremonias, enterramientos rituales, creencias y manifestaciones simbólicas de poder. Algunas de las vasijas presentes en la colección muestran singulares escenas de este mundo mágico. Gracias a estas imágenes sabemos, por ejemplo, que las civilizaciones indígenas desarrollaron un variado armamento que les hacían muy superiores a los colonizadores en el combate cuerpo a cuerpo. Bastones de madera, mazas, hachas de bronce e incluso hondas de tela fueron empleadas en la lucha contra los españoles.

El mundo se concebía estructurado en tres partes: el inframundo donde los muertos llevaban una vida a la inversa y donde reinaba Viracocha Pachacamac, señor de la vida y la muerte; el mundo de los vivos en la tierra donde reinaba el Inca y su mujer la Coya; y el mundo celeste donde reinaban el Sol y la Luna. El Trueno y el Rayo comunicaban el cielo con la tierra.

El mundo visible, y también los clanes familiares y toda la sociedad incluida la ciudad de Cuzco, estaba también dividido en dos mitades: arriba y abajo. Arriba estaba asociado a lo masculino, al norte y al calor (estamos en el hemisferio sur) y es superior abajo, que estaba asociado a lo femenino, al sur y al frío. Arriba (hanan) y abajo (hurin) se dividían a su vez en dos: este y oeste, uno superior al otro.

El calendario ceremonial andino, luni-solar con doce meses de extensión variable, con más de cuatro mil años de antigüedad y estructurado conforme a los solsticios y los equinoccios, resume el sistema de clasificación del tiempo, del espacio y la sociedad ya que refleja la relación entre las épocas del año, las regiones geográficas o espaciales y los grupos de parentesco.

Las ceremonias, relacionadas con el ciclo vital, los trabajos del año agrícola y las divinidades, marcaban el calendario ritual cuyas festividades se celebraban cada año en el mismo tiempo, en el mismo lugar, con las mismas personas.