BAJA CENTROAMÉRICA

En el centro y sur de Costa Rica, vivieron pueblos de tradición cultural sudamericana aunque con una fuerte influencia de Mesoamérica. En la época final la población aumentó debido a la introducción de las nuevas técnicas agrícolas de sus vecinos y los cultivos de clima tropical. Se establecieron poderosas jefaturas o cacicazgos que consumían una alta producción de cerámicas rituales y funerarias, sofisticadas piedras de moler, mesas ceremoniales y esculturas de guerreros con cabezas trofeos. Extraían oro nativo de los ríos y fabricaban colgantes de oro en forma de discos, de chamanes con máscaras de cocodrilos, de águilas con las alas desplegadas (relacionadas con la creación y el poder) y ranas, asociadas a la fertilidad.

Son frecuentes los quemadores de copal, una resina olorosa usada en los rituales religiosos y profanos. Se componen de una copa con su tapadera. Asociados con el cocodrilo, suelen presentar un caimán como remate. Tienen salientes puntiagudos que simbolizan las escamas del saurio y carecen de pintura, quizás para representar mejor la piel de este animal.

Los Chorotegas y Nicaraos eran pueblos mexicanos que se establecieron en la franja costera del Pacífico de Nicaragua y en el Noroeste de Costa Rica, en la península de Nicoya. Tenían una agricultura avanzada, eran pescadores y navegantes y, posiblemente, comerciantes costeros que introdujeron sus cerámicas hasta el corazón de México. Se estructuraban en poderosas jefaturas que en la época final debían ser grandes confederaciones tribales o reinos.

Los Nicarao introdujeron hacia 1200 motivos mesoamericanos como el dios Quetzalcóatl, "la Serpiente con plumas", el jaguar relacionado con el Señor de la Noche, la tierra, la fecundidad, y el poder del jefe y del brujo y de sacerdote.

La decoración de las vasijas de los Chorotegas es una variante de los vasos mayas. A partir del 900 es frecuente la figura de un personaje esquemático de perfil con un gran penacho de plumas o sus armas: flechas y escudo.

El aumento de población y la prosperidad económica hizo aumentar la producción cerámica, generalmente usada en los enterramientos que, según el difunto, podían ser cuidadas vasijas o cerámicas hechas en serie, más simples y esquemáticas, aunque siempre con decoración polícroma. Son importantes las vasijas de tres patas, generalmente sonajas, con la cabeza saliente de un jaguar o de otros animales, que debían estar asociados al dios de la lluvia. Es frecuente la decoración con motivos escalonados, relacionados en toda América con el templo, formando una superposición de plataformas que, al final tomaban el aspecto de pirámide.

Hay otros motivos decorativos: flechas que debían estar asociadas al jefe y a los guerreros; cocodrilos relacionados con la tierra y el agua terrestre y, por tanto, con la fecundidad; plumas esquemáticas, muy cotizadas socialmente, usadas por guerreros y personajes e importante producto de comercio.